Necesito reconocer mis situaciones de abuso porque necesito contar mi historia como corresponde, sin distorsiones. Necesito reconocer las veces que mi cuerpo fue un cuerpo disponible para un varón, las veces que me dejé coger sólo por presión e ignorancia, sólo por desconocer en qué consiste el amor y el afecto. Necesito reconocerme como abusada para volver a empezar y, sobre todo, para contarme una historia distinta, desde el empoderamiento de mi cuerpo y mi vida. Éstas son las cosas que necesito pensar ahora.
Vi por primera vez una verga cuando tenía 10 años, en la calle un tipo me mostró su pito erecto. Le tuve miedo a la verga desde entonces. Suponía, por falta de información, que así eran las vergas; ahora sé que ésa era una verga erecta. Me desvirgaron en un auto, no me lo perdono pero tampoco quiero culparme. Fue la situación menos amorosa que viví en mi vida, él hoy es un feminismo y se dice deconstruido. En el fondo no le creo. Era mi novio en ese momento y consideró más importante su calentura que el cuidado que implicada una relación afectiva. Hace poco un chico me dijo que quería hacer las cosas bien conmigo, es la primera vez que un chabón me dice eso. Jamás me enseñaron a cuidarme de los machirulos, así que tuve que aprender a los ponchazos. Mi primer novio garchaba conmigo y se iba a dormir a otra cama porque mi cuerpo le incomodaba, yo era su depositario de semen. Mi segundo novio me maltrató psicológicamente, una vez me dejó llorando en la vereda de madrugada sólo porque yo había fumado en el boliche y él quería que yo deje el pucho. Mientras yo lloraba acurrucada porque no entendía su enojo él me miraba con desprecio, parado, desde lo alto, en su cara se leía perfectamente que para él yo merecía su destrato. Mi tercer novio, para dar cuenta de su masculinidad, insistía en que tengamos sexo cuando yo no quería. Me decía ‘dale, un rapidito’. Una vez más fui un depositario de semen. Antes de desvirgarme, a los 16, chapé con un chico en el boliche y después me acompañó a mi casa. En la vereda de mi casa agarró mi mano e hizo que le toque su verga erecta. Me asusté y entré a mi casa y cada vez que lo cruzaba, a partir de ese día, sentía miedo y asco.
Lejos, lejos del amor y el cortejo, ellos me demostraron su poder porque podían. 



Escuché recién que alguien decía ‘my story must be told’ y pensaba ‘mine too’. Estuve escribiendo mi historia todo este tiempo pero, como muchas, o todas, está ficcionada. Nada de lo que dije es cierto, nada de lo que escribí sucedió. Distorcioné las cosas para que cuajen en mi mapa mental, cosa de poder procesarlas mejor. Siempre fue más fácil así. So don’t, don’t try to see who is who in this twisted game. Ni ellos existen, ni yo soy tan así. Es todo pura y puta literatura.
Mi historia, la historia que me he contado, ya lo he dicho varias veces, es la historia de mis amores. Porque yo como mujer solo puedo definirme en función de otro, de un amor, de un x que no existe y que más bien funciona como una variable de individuo. Esto no lo digo yo, esto lo dice la cultura en la que vivo. Mamé a la perfección esa idea al punto de dudar de mí misma durante mis períodos de soledad y sentirme más estable durante mis períodos en pareja. Estable, qué palabra. Pero encaja perfectamente en lo que quiero decir, no me gusta pero encaja.
Este fue el año de la prosa feminista. Jane Austen y Virginia Woolf vinieron a decirme que yo también podía escribir. Antes pensaba que escribir una novela era hacer descripciones del mundo, esas eran las novelas que yo conocía. Ahora pienso en que esas otras novelas donde hay una riqueza en la descripción de la vida interna de sus personajes son, para mi, lo todo. Escribo una novela que ni sé donde empieza. Pero aun cuando no quiero ser descriptiva termino siéndolo. Quisiera dar rienda suelta a mi imaginación y escribir conversaciones donde x,  o alguno parecido, me declara su amor pero mi ingenio es pobre y solo me limito a contar con lujo de detalles nuestras salidas. Cuando salía con otro x tenía una caja de tesoros, guardaba ahí sus cartas y todos los envoltorios de las golosinas que comíamos, era más bien un pequeño basural.  Con x pensaba hacer lo mismo. Quisiera escribir una historia donde mi amor sea correspondido, como hace Jane Austen. Donde x no puede contener sus emociones, donde su cuerpo no puede olvidarse del mío. Pero en la vida real él es más bien frío, y quizás sólo lo sea conmigo. Todavía no entiendo su distancia porque para mí pasada una semana, un mes, no cambian mucho las cosas. Estuve llorando el fin de semana pensando en el amor, pensé en otro x, uno que ni conocí. Un x que sólo con palabras logró hacerme creer que algo existe. Soy una fantasiosa. Lloré cuando escribí sobre él, escribí sobre mi depresión, dije que había estado deprimida hasta que apareció él. Pero él nunca apareció, jamás me dio siquiera un beso. It is an instant while I decide what to do with my life. El amor es otra cosa distinta a esto pero no tengo idea qué es. Debo conectarme con algo más profundo, como cuando era chica y pintaba de tripas abiertas el mundo, al mundo. Algo se rompió y era demasiado grande y demasiado importante como para dejarlo pasar. Vos y tu vida, vos y este cuerpito que sólo vos sentís. Hay otros que saben de su poder, yo, en cambio, soy un mar de sospechas, de dudas. No es que quiero escribir una novela, es que ya lo estoy haciendo hace años. Las mañanas son el tiempo para mí.


Yo nunca tuve a nadie ahí que me diga que merezco amor del bueno, que soy linda. Buscaba en los demás ese maldito reflejo, en mis novios sobre todo ¿soy linda, amor? ¿soy linda? Yo sé que escribo y que esto le pasó a otras, porque vieron cómo es la conciencia, ahora yo bajo una parte de ese flujo, lo materializo, le pongo nombre. Sí decían que era linda pero jamás me adulaban, creo que la única persona que lo hacía era mi abuela. Ella murió cuando yo tenía doce años, mi adolescencia hubiese sido muy distinta con ella. Le pregunté a mi vieja si era linda cuando tenía trece, esta anécdota mis amigos la conocen porque fue un hito importante en mi vida, ella respondió “no, linda es Mishel Faifer”. Cuando pude pensar en esto entendí lo que eran los parámetros patriarcales de belleza femenina. Entendí también lo que es un mapa corporal, la imagen de uno mismo o cómo uno se autopercibe, entendí, además, que mi mapa corporal estaba distorsionado. 
¿De dónde viene la amargura? ¿Es la amargura de la soledad? Porque si estuviese en pareja vendría la amargura y yo empezaría a pensar que es porque mi pareja hace esto o lo otro. Ahora no hay nadie, there's nobody out there. Mi amargura viene y tengo que paliarla yo sola. No sé qué decirle, no sé qué decirme. La amargura viene y no tengo a nadie a quien abrazar y que me diga ‘no pasa nada’. Tan simple como eso. Quisiera eso y no lo tengo, pero ¿qué he hecho en el último tiempo para que eso aparezca? Nada. Me la pasé diciendo y pensando que el amor no existe, que no los hemos inventado. Dije y repetí mil veces que el amor es una excusa para producir, que mis amores son variables, que jamás una constante. Ahora cosecho lo que siembro; cosecho soledad porque sembré amor en el lugar equivocado. Es que ya no creo en el flash amoroso y hasta hace poco tampoco podía creer en el amor romántico, pero algo cambió. Cuando me separé de mi ex (a quien conocí estando de pepa, re loca flashé conexión supersónica y resultó que yo no me conocía ni lo conocía a él) estaba frustrada porque le había puesto mucha energía a una relación que yo sabía sabía en el fondo que no iba a funcionar, pensaba “¿cómo es que llegué hasta acá?”. Me costó mucho pensar en que podía estar con alguien más, tardé mucho tiempo en dejarlo porque creía que nadie más me iba a querer. ¿Vos podés creer que pensase así? Yo sí, porque realmente sentía eso y a la vez sabía que era absurdo, que en el fondo o más bien en la superficie la cosa era que yo no me quería a mí misma. Y ahí vino Aristóteles; había empezado a cursar ética con Bertomeu y nos tiraba cosas como “no puede amar quien no se ama a sí mismo”, no sé si es de Aristóteles o mi mente hizo asociaciones extrañas, pero en la misma línea me acuerdo que el concepto de autarquía hizo que decida separarme. Después vinieron Darwin y Helen Fisher: el amor es una ficción que nos sirve para reproducirnos. Algo así como que flashás amor y por eso podés tolerar a alguien el tiempo suficiente como para criar hijos. ¿Pero y si no quiero criar hijos, si no quiero contribuir a la reproducción de la especie? El supuesto de la teoría evolutiva es que la vida tiende a la vida y esas giladas. La misma idea tiran en Rick and Morty, no sé si viste el capítulo cuatro de la primer temporada: “what people calls ‘love’ is just a chemical reaction that compels animals to breed. It hits hard, Morty, then it slowly fades, leaving you stranded in a failing marriage. I did it. Your parents are gonna do it. Break the cycle, Morty. Rise above. Focus on science.” Y desde ahí cada pareja que veía pensaba “paaaaabre, les doy...dos años” o tres o cuatro según la pareja. Pero últimamente se me está haciendo insostenible.
Tengo miedo de toda la incertidumbre que implica el amor pero lo peor de todo es que jamás jamás voy a poder evitar que pase, porque así parece ser la vida. Ya pasé por el errabundeo amoroso, como dice Barthes, ya navegué de amor en amor, necesito tierra firme por un tiempo. Cuando pensaba en qué era lo que me había gustado de x, sabía que la cosa venía porque era lo más parecido al amor que había sentido en mucho tiempo. Le dije que no podía pensar en abrirme pero lo hice; le conté en una noche la mitad de mi vida. A esta altura del partido sé que tengo que ser buena amiga conmigo misma y pensar en que no va a ser el último chabón que me va a gustar. Ahora sé que sufro más cuando caigo en la cuenta de que vuelvo a amar porque creo que amar que implica cierto tipo de dolor en vez de felicidad y por eso me pongo re drama queen. De ahora en más debería ponerme contenta si me gusta alguien, debería saber que es la oportunidad perfecta para leer a Julio en voz alta, para cantar canciones del año del pedo, para escribir poemas que hablan del amor y de las emociones violentas. Todo eso debería ser motivo de festejo para mí: son la señal correcta de que estoy viva. Y si x decide no corresponder a mi amor (tendrá sus motivos) tengo un mínimo de esperanza de enamorarme de nuevo. 
Mientras estaba con él no recuerdo arriesgarme para nada. No jugaba al juego del amor, esto ya lo he dicho varias veces. Fui fría y distante porque no le di ni un solo dibujo, porque le escribí a mano un poema cuando ya me había dicho que no me quería ver más, no lo abracé impulsivamente cuando quise, me reprimí de darle besos, de preguntarle cosas, de hurgarlo. Ni x ni yo hablamos jamás del tema, hace meses que no lo veo. Él decide ignorarme y la violencia de su silencio tiene el mismo efecto que si me hubiese rechazado en la cara. Dejé de escribir porque dejó de emitir señales y de alguna manera si no tengo un amor no escribo. Necesito consultarle a algún antiguo amor si cree que alguien más me va a amar. Soy joven y en teoría sí, pero mis esperanzas se desvanecen y dejo de creer que eso sea posible. Quiero un amor que sacuda mi cuerpo ¿irá a pasar? El amor que quiero no tiene nombre.
De a ratos creo que nos merecemos otra cosa. Quisiera que muevas mi techo, mi aire, pero estás inmóvil. Quiero ese amor que sacuda mi cuerpo, pero te veo y estás quieto. Te elegí hace años pero lo cierto es que no fue una elección racional, fue mi cuerpo. Me preguntaste anoche por qué era tan reticente al amor, “bueno, pues, por el miedo” te respondí. Ya no sé en qué oráculo consultar, quiero esa maldita predicción que me diga que esto es amor. Si conociese a alguien ahora inmediatamente lo compararía con vos, eso es de hecho lo que hago. Para mí que te elegí esa vez que te crucé en bicicleta hace años, vos ibas a una marcha y yo pasaba cerca de tu casa. Y cuando digo que fue mi cuerpo es literal, ese día mi corazón latió fuerte (y esto no es una metáfora) me acuerdo que mi corazón latió fuerte y yo pensé  “acá mi cuerpo me dice algo”. Yo pensaba en ese momento que mi cuerpo me daba señales, que eran como alarmas homeostáticas que me devolvían el equilibrio, como cuando iba a tu casa y me ponía nerviosa y temblaba. Dale, no tiemblo delante de todos, tiemblo cuando estoy entre la espada y la pared, tu presencia me ponía en esa situación, vos y tus modales, como cuando tomamos mates de mañana y tenés ese gesto de untar el queso en la galletita y dejarlo ahí cerquita, para mí pero sin servidumbre.

Poner en duda la hipótesis del patriarcado no es moco de pavo, hay que tener ganas. Implica una posición política clara, el patriarcado es un sistema de opresión hacia las mujeres y ponerlo en duda es poner en duda el feminismo todo. Clarín viene a representar a los valores hegemónicos del heteropatriarcado y no es una sorpresa que busque la voz de una mujer para expresar sus ideas misóginas. ¿Por qué? Porque el primer salto que esto implica es pensar que todas las mujeres, por el hecho de ser mujeres, son feministas. Not, big mistake. Se ha dicho infinidad de veces: no se nace feminista. El otro problema que desencadena esta nota es también una especie de salto lógico; apelar a la ciencia como fundamento o garantía del conocimiento. ¿Qué ciencia es la que busca usar como modelo o referencia esta nota? Hablar de las ciencias y hablar de los estudios estadísticos a vuelo de pájaro es de una irresponsabilidad muy grande. Primero porque ese mundo que nosotros llamamos la ciencia no es una masa unificada con un mismo método, y esto es importante. Las ciencias exactas, que son las ciencias modelo a las que se apela en general cuando se quiere dar una impresión de seriedad en un estudio, usan el criterio de evidencia para sustentar sus hipótesis. Uno dice algo y lo sostiene con alguna prueba, alguna evidencia. Eso es, a grandes rasgos, la idea burda de ciencia que tenemos. Mis amigos científicos y filósofos quizás puedan ayudarme mejor en esto. La noción de evidencia no tiene el mismo peso en el caso de las ciencias sociales, porque es mucho más difícil probar algo o medirlo, entonces se implementan otros métodos para dar cuenta de un hecho. Cuando una es acosada todos los días en el trabajo, chistecito va, chistecito viene, que qué linda pollera, que para cuando salimos a tomar una birra, etc, ese hecho, el hecho del acoso cotidiano en el laburo no tenés manera de probarlo por medio de la evidencia. O sí, habría que poner cámaras, volverse un vigilante, no sé. Pero la cosa es que las ciencias sociales y el estudio del comportamiento humano no puede usar el mismo criterio de la evidencia que intentan usar las ciencias exactas. Ese criterio de la evidencia forma parte de las nociones que son propias de la idea de ciencia moderna, que implica a un sujeto de conocimiento que, bien explicaba Diana Maffía en su artículo Epistemología feminista, nos excluye a las mujeres, puesto que encubre un estereotipo androcéntrico del saber.
“Es interesante pensar que el sujeto político, el ciudadano, y el sujeto de conocimiento científico de la ciencia moderna, surgen al mismo tiempo (en el siglo XVII) con este mismo de sesgo de las atribuciones dicotómicas, produciendo un modelo de conocimiento patriarcal. ¿Cuál es ese modelo del conocimiento? El modelo de conocimiento es un sujeto capaz de objetividad, es decir, capaz de separar sus propios intereses y adquirir, entonces, esta visión de los aspectos del mundo sin ponerse en juego él mismo en la visión de estos aspectos. Una separación entre el sujeto y el mundo, donde el sujeto actúa como una especie de espejo, donde se reflejan las leyes del mundo y los objetos tal como son, y no tal como cada perspectiva los aprecia. La neutralidad valorativa, es decir, el sujeto en este mito de la ciudadanía, y también el sujeto de conocimiento de la ciencia, es un sujeto que no pone en juego sus valores y sus emociones a la hora de producir conocimiento o justicia, sino que los neutraliza. El sujeto es capaz de dominar su propia subjetividad, de borrarla, y simplemente dejar testimonio de lo que ve, para que otro sujeto pueda tomar su lugar y probar si eso que ha sido descripto es verdad o no. Es decir, lo que suele llamarse, control intersubjetivo: distintos sujetos pueden controlar lo que otros sujetos en la ciencia producen, porque cada uno de ellos es capaz de neutralizar sus emociones, sus valores, sus preferencias, sus inclinaciones, y producir, solamente, un testimonio de lo que ve.” (Diana Maffia. En contra de las dicotomías. Feminismo y epistemología crítica)
Poner en duda la hipótesis del patriarcado es tirar por la borda muchos estudios que vienen de la antropología y de la sociología, es, de alguna manera, cagarse en estos estudios. Pero hay algo más grave para mí en este artículo y es que la primer idea que tira esta nota es una suerte de multicausalidad para explicar el acoso doméstico, para no aceptar la tesis del feminismo que plantea que hay una división jerárquica de los roles en la sociedad que implica coerción, en vez de aceptar esa tesis, difícil difícil tesis, la autora propone abrir el espectro de causas, decir que son muchas, pero no especificar cuáles son. ¿Habla de las clases sociales, de las condiciones económicas en las que nacemos por puro pedo, de qué causas habla? Porque en todos los estratos, en todas las clases las mujeres y las sexualidades disidentes, a veces más a veces menos, sufren algún tipo de coerción y mal que le pese a la autora, muchos consideramos que eso se debe al simple hecho de ser mujeres, gay, lesbianas o trans, es decir que nos definen y nos jerarquizan por nuestra sexualidad.
Para mí este artículo es grave porque dice que las mujeres son las perpetradoras de la violencia doméstica y da una estadística para probarlo. Hace un tiempo entendí lo que era un sistema axiomático: uno acepta ciertos axiomas o ideas y a partir de esas ideas deriva o deduce otras. Bárbaro, uno acepta ciertos supuestos, por ejemplo “Dios existe” y luego hace derivar de la idea de Dios todo un sistema moral, esto no es nuevo. Esa es una de las maneras de generar conocimiento que tenemos, aceptamos supuestos y derivamos cosas, pero esa no es la verdad. Yo puedo aceptar como verdaderos los datos que propone la autora, pero eso no me lleva inmediatamente a la verdad, porque básicamente hay un recorte de qué datos se presentan en función de qué tesis se quiere defender. Cuando la autora da datos sobre violencia en parejas homosexuales está usando ese dato para defender su tesis  de que “el patriarcado es cuanto menos cuestionable”. El idealismo con el que cierra la nota para mí es un poco cínico, pedirle a las leyes que actúen sobre todos por igual, cuando el sistema penal y el sistema judicial tienen como modelo valores patriarcales es absurdo. Cuando uno estudia historia y ve que hasta hace 100 años las mujeres no éramos consideradas sujetos de derecho (menos que menos los gays, lesbianas, travas y trans) y empieza a pensar que este sistema económico tiene 300 años como mucho y que fue inventado por hombres para los hombres, cuando aprendés que las leyes las inventaron los burgueses para defender sus intereses y no para defender los tuyos, y vos pobre ingenuo que pensás que si vas a un juzgado a denunciar a  tu jefe cagado en guita onda el señor Burns quizás tal vez alguien te escuche, pero no, porque todos sabemos que no, que si no tenés plata estás fuera del sistema judicial y penal y que el patriarcado no te va a escuchar, por eso se tiene que caer, porque es una estructura que tiene años aaaaaaaaaños de literatura, de ciencia y de datos para fundamentar su tesis de que los hombres están por encima en la escala ontológica. En un artículo super interesante, que comparto a continuación, explican cómo los mitos sobre las gorgonas sirvieron para adoctrinar a la sociedad griega en los valores patriarcales. Los invito a que lo lean.
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Hay una escena que me atormenta hace tiempo, es algo que contó un ex amigo con mucho orgullo hace años mientras fumábamos porro y tomábamos birra, “a ella por poco me la violé” dijo entre risas. Yo hace años no entendía qué querían las feministas o decía “a mí no me representan”, mi hermana insistía con sus lecturas feministas y yo tardé en entender que eso de lo que hablaban también hablaba de mi. Con ella nos tomamos el fino trabajo de repensar todas las situaciones y actos machistas que vivimos en mi casa, en mi familia. El machismo de la división de tareas, el machismo que no reconoce en el trabajo doméstico un trabajo no remunerado y necesario para el capital, fue el primer machismo que pude ver. Ahora estoy viendo el de los abusos. El mismo chabón que se jactó de casi haber violado a una chica fue el chabón que se aprovechó de mí en mi momento de mayor vulnerabilidad. La culpa, asquerosa culpa, hizo que vuelva a tener trato con él y yo, con mis resabios de educación católica y esas ideas putrefactas sobre ‘ser buena con todos’, le dije hace unos meses que sería mejor que no haya rencores entre nosotros, que todo bien porque tenemos amigos en común. Amigos que encubren sus machiruleadas, porque ahora lo veo bien, veo bien cómo les machirules se cubren entre sí. Ese chabón, que yo consideraba mi amigo (porque no me quería a mi misma como para elegir bien mis amistades y me alcanzaba con que compartiésemos birra y música) dijo que casi se la violó porque ella estaba desnuda, la culpó por ser tan linda “¿qué hace desnuda en mi cama si no quiere coger?” decía y se reía.  No, amigo, no. No entendiste nada, probablemente quería coger con vos, seguramente, pero no así, no cuando vos digas, no como vos digas. Sexo y poder. Ese mismo chabón, que yo consideraba mi amigo, me dió un consejo de mierda cuando le conté que estaba en crisis con mi pareja, me dijo “deberías estar con alguien más” al rato me dijo “me encantaría que sea conmigo”. Ese mismo chabón, que yo consideraba mi amigo, me hizo prometer que no diga nada a mi pareja de su declaración, porque mi pareja era su amigo y él se había cagado en su amigo, se había cagado en mí y había pensado sólo en su pija. Durante meses callé. Sentí culpa, confusión y caos. ¿Por qué volví a hablarle después de tantos años? ¿Por qué le dije que estaba todo bien? Lo vi en una fiesta hace poco y vi cómo miraba a todos con su mirada lasciva, como buscando una nueva víctima, pero ya estamos grandes y nos conocemos entre todos, no hay lugar para su sexualidad acá. Su sexualidad es la del macho que coge todo lo que puede, como cuando Martin Fierro dice “todo bicho que camina va a parar al asador” pero con las mujeres, es el principio de la cosificación. Volví a hablarle por presión social y porque tenemos amigos en común, esos mismos que inocentemente se ríen de los cuentos de abusos del machirulo number one del grupo. Se ríen de sus cuentos y nombran a su sexualidad exacerbada con nombres extraños, para dar cuenta que él es así, que esa es su naturaleza, que tenemos que quererlo así puesto que no hay lugar para la disciplina con machirulos tan simpáticos como él. La disciplina dejémosla mejor para las mujeres, deben pensar sus homúnculos en sus cabezas. ¿Qué hago con mis amigues machirules? ¿Les hablo o les dejo de hablar? Cuando les conté a algunos de nuestros amigos en común que tal me había encarado, que yo estaba en pareja, que no daba, etc, todos, tooooodos me dijeron: “él es así”. Una vez más la disciplina no es para les machirules, a ellos se los acepta y se les festeja sus machiruleadas. Los hombres que me rodean son casi todos machirulos y quisiera, realmente quisiera, que dejen de serlo pero ese poder no está en mí. Quisiera entonces poder tratarme con hombres que no sean machirulos, que se cuestionen su sexualidad, que se cuestionen cómo se relacionan con las personas, que no me tilden de feminazi con una sonrisita mediocre propia del que se siente amenazado y por eso tira un chiste pedorro. Pero no sé si va a pasar. Quisiera que piensen seriamente si alguna vez no abusaron del mínimo poder que les fue cedido en un acto de intimidad ¿nunca abusaron de un alguien? Porque lo que yo cuento de éste, del machirulo number one que me tocó conocer, es moneda corriente en esa sociedad.
Me acuerdo de la mañana del 2001 porque fue un año de mierda. Ese año se fue el tío, murió mi abuela, las torres gemelas, que en verdad qué mierda nos importaban las torres gemelas si eso estaba pasando en Estados Unidos, pero mirábamos la tele y sabíamos que el mundo era un caos. Después el corralito, saqueos y caos. Más caos.
Vi hoy muchas publicaciones que hablaban de lo que pasó ayer comparándolo con el 2001, en un corte pareciera que la gente quiere estar tensa todo el tiempo, eso siento. Es como si vivir en la ciudad hiciese que estemos todo el tiempo muy tensos, pendientes de estas cosas horribles. Yo no sé por qué carajo había vuelto a creer en la democracia representativa pero no más. Este no es el único modo de organización social, los partidos políticos no son la única manera de hacer política o de practicar una participación ciudadana responsable. Hace falta estudiar más historia, mirar más a la naturaleza, sobre todo cómo se comporta la naturaleza. ¿Creemos que pidiéndole al Estado, haciendo bardo en Buenos Aires vamos a hacer la revolución al capital? No. Yo lo creía pero ahora ya no más. No. Argentina, con estos míseros doscientos años, tiene un territorio enorme, enooooorme y nosotros acá hacinados en las ciudades viviendo ¿qué clase de vida? E insisto con esto de Argentina porque creo que nacimos de pedo, por puro azar, en este momento, en este lugar. Yo nací en el ’89 del siglo XX en una familia de clase media, tenía doce en el 2001. Viví casi toda mi vida con una economía inestable y llegué a escuchar de más grande por boca de extranjeros o comentarios sobre extranjeros diciendo que los argentinos sabemos muy bien vivir con inestabilidad económica, onda que nos acostumbramos. El ser humano, dicen, es un animal de costumbres. A veces creo que me acostumbro a cosas horribles, insanas. Nací de pedo en este territorio, viví de pedo en contacto con el arroyo. Tengo un documento que dice que soy argentina, eso es un privilegio. Supe de más grande el nivel de privilegios con que me había criado. 
La lucha contra el capital es la de la autogestión, que no dependamos de tener dinero para comer, para vivir bien. Argentina tiene doscientos años, el homo sapiens tiene 200.000 años sobre la tierra y nosotros pensamos que la democracia representativa y el sistema capitalista como El sistema. Perspectiva histórica hace falta y no quiero decir con esto que hay que estudiar el siglo XX. No. Quiero decir que nosotros, los animales humanos, los hombres, llevamos viviendo en la tierra 200.000 años y hemos acumulado información por medio de la cultura, así que estamos muy bien parados, quiero decir, podemos hacer lo que queremos pero estamos mirando como con orejeras de caballos un período de tiempo muy corto como referencia para ver qué es la vida y nos está haciendo falta imaginación y riesgo como para proponer una manera de vivir que no sea tan nociva como esto. El territorio es nuestro y solo hay que habitarlo. Solo eso.




Soy una especialista en boicotear mis relaciones y tengo dos estrategias que siempre funcionan: la primera y más eficiente es hacer un muy mal filtro de los chabones que decido dejar entrar a mi vida. Por ejemplo; conocí una vez un chabón porque tocaba en una banda, una de mis amigas dijo ‘es un pelotudo’, una pelotuda dijo, en otra oportunidad, ‘este chabón es divino’. ¿Y qué hice yo? Le di una oportunidad al pelotudo. Me acuerdo de estar en su casa una de las primeras veces que lo vi y escucharlo decir alguna idiotez y pensé ‘no nos vamos a llevar bien’. Uno, en general, se da cuenta si se va a llevar bien o mal con alguien. Yo tardé años en hacerle caso a mis instintos en este sentido. Mi cuerpo me decía ‘no, Paulixa, no’ y mi mente decía ‘pero ¿qué sabés? por ahí no es taaaan pelotudo’. En fin. Mi segunda estrategia aparece cuando la primera no tiene efecto por motivos varios. Uno de los motivos suele ser que conozco chabones que no son pelotudos, entonces se pone en acción mi segundo plan que es asustar al individuo en cuestión. En este caso la onda es volverme una drama queen. Un mar de lágrimas, el fin del mundo, si no es hoy no es nunca, cosas así. Los chabones que esperaban ver a la piba piola y buena onda empiezan a pensar ‘uy uy uy, yo no quiero esto, mejor me las pico antes de que sea demasiado tarde’ y en general funciona. ;)
No puedo escaparme de mi nombre. Quisiera escribir y que nadie sepa quién es el autor. Me refugio en la idea de que las cosas bellas tienen que ser compartidas. Le tengo miedo al poder la palabra, cualquier cosa se convierte en un imperativo. Por eso el anonimato es una salida perfecta a mi miedo frente a la posibilidad de hacerme cargo de mi nombre y de que soy un algo que está y que tiene conciencia de sí.
Yo me quejo de la gente que se come el fla y pienso siempre ¿qué fla te comés para decir esto o aquello? Pero ahora me doy cuenta de que este escepticismo radical no sólo no es mío sino que además me está haciendo mal. No quiero comerme ningún fla y pretendo vivir sin creencias pero no puedo. Porque al vivir así ya no encuentro razones para vivir y pienso en que si no me suicido entonces es por cobardía, porque ni siquiera tengo una buena razón para tomar la determinación de terminar con esta incertidumbre. Es muy fácil caer en los extremos, de no encontrar un buen motivo para vivir, algo así como un fin, a tener un buen motivo para morir hay un gran paso, un salto lógico, habría que ver si se implican, tendría que hacer una traducción y esas cosas. No hay motivos para dejar la vida, menos ahora que se pone buena. Porque la verdad es que no tengo motivos para quejarme. No estoy sumida en una depresión, tampoco tengo un motivo externo como la ausencia de un padre o una madre. No es angustia exactamente lo que siento sino más bien vértigo o terror a la incertidumbre que implica la vida. Hoy mi preocupación, y creo que esta ha sido siempre mi preocupación, es ¿esto va a ser siempre así? ¿siempre voy a vivir en una incertidumbre constante? ¿siempre todo va a cambiar?
Sí y no. Sí, siempre todo va a cambiar y no, no siempre va a ser así. No siempre voy a sentirme así, no siempre voy a sentir miedo a lo desconocido de la vida. La horrorosa vida de los artistas. Es todo cierto: sufrimos como imbéciles por cosas que no tienen sentido. Sufro desde que tengo memoria solo por saber que siento, que vivo. Espero la calma de la muerte desde los doce años, espero ese momento de paz. De chica me perturbaba pensar en la idea de la vida eterna, seguir viviendo no era una buena opción para mi. La muerte es el descanso de esta secuencia agotadora. No quiero seguir mintiendome diciendo que los demás son razones o podrían ser razones para vivir. Está bien que Sylvia Plath se halla suicidado, cualquier comuncito hubiese dicho 'pero tenía dos chicos chicos', so what? La gente odia que hable de esto, odian que hable del suicido, les incomoda. Nadie quiere cuestionarse severamente para qué vivir. Prefieren omitir esa pregunta y yo no es que la elija, no es que un dia dije 'esta es una muy buena pregunta, voy a tenerla en cuenta el resto de mi vida' sino que simplemente está ahí hace años, desde que vi el primer muerto supongo, desde que supe que un día la gente desaparecía. Ayer Corina decía 'no quiero que desaparezcas'. Eso pasa cuando la gente muere, simplemente desaparece. A veces con aviso, a veces no.


Dice mi cuaderno: "solo quedaba x pero x se deshizo de mi". Vengo a dar cuenta de mi feroz histeria: quiero lo que no tengo. Me gusta un x que no me habla, al que no veo, al que no conozco, al que puedo crear a mi antojo. Me enojo porque x no quiere verme, no me habla y no me ideliza como en lo más podrido de mí espero. Si no puedo predecir las cosas, peor aún, si no doy con mis predicciones; me enojo. Se activó una vez más frustradamente mi sistéma doparminégico.  



Cuando tenía 10 años, era 5to grado lo recuerdo bien, casi todas las tardes iba caminando a lo de una amiga a jugar. Un día de esos me crucé a un tipo en la calle que iba en una moto. La casa de mi amiga quedaba a cinco cuadras de mi casa y a una de lo de mi abuela. Estaba habituada a hacer ese camino con mi mamá o con mis hermanos desde hacía años; en Azul un chico de diez años se maneja solo tranquilamente, o al menos así era cuando yo era chica. 
El tipo de la moto, el tipo de la zanellita, frenó en frente mío cuando yo cruzaba la calle Belgrano, me preguntó si sabía dónde vivía López y me mostró el pito. Yo tardé en reaccionar, todo fue muy lento para mi en ese momento, lo único que le dije fue "¡váyase!" y salí corriendo. Le dije "¡váyase!", lo traté de usted, con respeto, se me retuercen las tripas de solo pensarlo. Llegué a lo de mi amiga asustada y llorando, no pude explicarles bien lo que me había pasado porque me daba vergüenza. En mi casa nunca hablaron del tema, fue uno de los tantos tópicos que se archivaron sin más. Nunca me explicaron lo que era la violencia de género, nunca me dijeron nada. La cara del tipo todavía la recuerdo, se parecía mucho a un socio de mi papá y, paradójicamente, se parecía también a un tío de mi amiga. Jamás me animé a decir siquiera eso, a intentar reconstruir el hecho. Una nena de diez años no anda provocando que nadie le diga nada, una nena de diez años necesitaba que le expliquen por qué carajo un tipo adulto podía impúnemente mostrarle su pito y que nadie diga nada ni hable más del tema. 


¿Qué onda? Cuando he hablado de esto con algunas amigas resulta que todas tuvieron una experiencia similiar. Una vez vieron a un tipo en el parque vestido con un tapado llevando debajo su cuerpo desnudo, dispuesto a ser revelado ante cualquier mujer que pase, al que eufemísticamente le llamaban "el exhibicionista". También hablamos de esos que te cruzás en la calle, te gritan alguna guarreada y te hacen dar miedo. 
¿Qué onda?¿Qué es eso del miedo a vestirse como a uno se le canta? Si un tipo anda en cuero, si anda mostrando su calzoncillo ¿temen que alguna mujer lo acose, lo toque, lo persiga, lo provoque?
¿Qué onda? ¿Qué es esto del silencio, de usar estos medios sólo para lo tonto o lo bueno? Estoy podrida y creo que es momento de la denuncia. 


Escucho a Macri que dice: “nosotros lo que queremos es crecer, crecer y crecer, cambiemos”.
¿Qué se esconde tras el uso de la palabra crecer?
Mi viejo escucha a Macri que dice: “nosotros queremos cambiar, crecer, porque lo que todos queremos es crecer” y refunfuña diciendo "¡Bah! No dice nada". Pero sí que dice. Tras el uso de la palabra crecer aparece el ideal de felicidad de la ética capitalista: la maximización del beneficio. La felicidad es la maximización de las utilidades. ¿A qué lleva creer que la felicidad está en la maximización del beneficio? Al consumo y crecimiento infinito. Crecer no es ganar en cantidad. Y cuanto más tengo más me comparo con el de al lado. Si tengo mucho paranoiqueo con que me van a querer arrebatar mis bienes. Compito con los demás por ser quien mejor maximiza sus utilidades y quien más rápido y efectivamente se llena de cosas. Propiedades de un sujeto que no existe. El capitalismo viene de la mano del mito del sujeto autónomo y con ellos la construcción de un ego fuerte. Ojo al piojo, autoestima no es lo mismo que un ego fuerte. Y cuando digo fuerte I mean it. Fortaleza, muralla, mi límite.  


Cuando era chica, cuando tenía entre trece y catorce años, deseaba haber nacido hombre. Pensaba que de haber nacido hombre todo sería más fácil, por ejemplo tendría mi propio cuarto, ergo: tendría mi privacidad. Las mujeres de mi casa no teníamos privacidad y no pudimos conquistar nuestros espacios privados hasta llegada la adultez y con ella la independencia económica, al menos en mi caso. Pero no estaba muy segura de por qué me imaginaba que ser hombre era más fácil más allá de que ellos tenían su propia habitación y nosotras estábamos obligadas a compartir nuestra intimidad. Sólo sé que tenía ese sentimiento en mí, que vacilaba entre culpa por haber nacido mujer y celos de los privilegios de los varones.
Cuando era más chica, cuando tenía entre diez y doce años, opté por volverme una niña machona antes que un pequeña histérica y creo que fue porque no sabía cómo ser femenina sin sentirme una boluda. Tenía amigos varones con quienes escuchaba música y compartía pavadas, uno de ellos dijo estar enamorado de mi en sexto grado y le pegué una piña por traidor. Yo lo consideraba mi amigo y pensaba que él se habia confundido al pensar que nuestra amistad era otra cosa. Teníamos once años y yo me enojaba porque me ponían en el lugar de 'la minita'. Mi reacción ante este hecho fue volverme más machona, ocultar mi feminidad, porque la consideraba una amenaza, y retraerme en la música y en el dibujo.
Cuando cumplí quince años mis viejos no podían costear un cumpleaños de princesa, pero yo tampoco quería uno: mi vicio a los catorce era encerrarme en el cuarto de mi hermano mayor (porque él sí tenía cuarto propio con equipo de música) escuchar nirvana y deprimirme. Mi cumpleaños de quince fue en mi casa, yo vestida de jean, remera y zapatillas topper y con la discografía de nirvana de regalo quinceañero. A los días del festejo mi primo se acercó y me dijo "a esta edad a los chicos ya no les gusta las chicas machonas". Esa frase, que seguramente mi primo olvidó por completo, para mi fue una visagra. Tener diez años y jugar a la luchita con tus hermanos, primos y amigos es una cosa, pero tener quince años y no ser una lady implicaba otros riesgos para la sociedad machista donde me crié. Significaba, por un lado, la amenaza de que sea homosexual, de que sea una torta; y, por el otro, implicaba el hecho manifiesto de que yo no seguía con claridad los modelos de conducta que la sociedad esperaba que siga. Tuve miedo de ser lo que era, una chica algo tímida, poco femenina y que no miraba rebelde way. Cuando de más grande una de mis amigas de la escuela me confesó que era lesbiana, y lo hizo con mucho pesar y dolor, sentí de nuevo que la gente esperaba algo diferente de nosotras: de ella esperaban que tenga un novio, de mi esperaban que deje de cambiar de novios como de calzones, porque una niña correcta elije un novio, lo conserva, se casa, tiene hijos y reproduce la familia burguesa sin chistar.
Esta sociedad, la sociedad capitalista, ataca y oprime a las mujeres y a todas las formas de disidencias sexuales con el fin de normalizar y estandarizar la conducta femenina porque nosotras somos las productoras y reproductoras de vida y por lo tanto de fuerza de trabajo. Por eso una nena machona cuyo objeto en la vida no era casarse y tener hijos, y su amiga torta, representaban una pequeña amenaza para la sociedad, para la ciudad conservadora donde nos criamos; y aquellos que, inconcientemente o no, inocentemente o no, reproducen los valores hegemónicos de esta sociedad patriarcal nos hicieron saber durante nuestra adolescencia que nosotras éramos una desubicadas. Desde entonces nunca super cómo ser femenina sin sentir que yo misma me cosifico.


Quiero encerrarme y esperar que el tiempo pase,
que me cubran las palabras, que los días me hablen.
Quisiera, además, poder predecir el futuro.
Busco en mis experiencias anteriores la referencia necesaria
que me permita predecir ahora qué es lo que va a suceder y cómo. 
Busco en los demás la predicción correcta y afortunada.  



Mi problema fundamental es que quiero entender cómo es que se le atribuye valor a las obras de arte, por qué cierta producción, ponele un dibujo, tiene un valor. Supuestamente es algo sabido que en las artes visuales no rige la teoría del valor, que es la que se usa en general para darle valor y luego darle un precio (porque además está el problema de la transformación del valor en precio) a cualquier mercancía. Y esta teoría consiste en medir el tiempo de producción que se requirió socialmente para producir un objeto. En las obras de artes visuales ese criterio no funciona. La pintura de Cézanne que tardó siete años en pintar, Las Bañistas, ¿vale más porque tardó siete años? Porque si es así las cosas que hace Marta Minujín, por ejemplo, cuando dibuja una cara en un plato en un instante y después lo rompe y todas las demás las obras 'efímeras' tendrían un valor menor que el de una pintura de caballete, sólo porque requiere más tiempo pintar al óleo que hacer una performance.
Entonces ¿cómo es que se le da valor a las obras de arte? ¿Es que hay ciertas personas que tienen el privilegio de poseer el 'gusto estético' y por eso pueden decidir qué es lo que forma parte de lo que llamamos 'obras de arte' y qué es lo que definitivamente no forma parte de ese canon? Para mi eso es lo que pasa en los museos y en las galerías; viene un tipo con plata y decide que ese artista pedorro es un gran referente del arte contemporáneo y ¡pum!, automáticamente se disparan los precios de las obras deste nuevo artista. Pero después hay un montón de producciones por fuera, por fuera de estos lugares que legitiman salames, por fuera de las instituciones. El ejemplo más claro es el graffiti. Desde el '80 para acá las pareces aparecen pintadas con cosas increíbles ¿Cómo es que eso tiene un valor positivo? a mi al menos me gustan mucho los graffitis, pero pienso ¿por qué es que no tienen un valor económico? ¿Por qué es que en el mercado del arte se confunde el valor económico con el valor estético? Cuando digo un valor estético pienso en un valor perceptivo. Pienso en la idea de que la palabra estética significa tanto percepción, como sensación, como conocimiento.
Leí por ahí que cuando irrumpe en la historia el arte conceptual, arte capitalista por excelencia, la estética deja de ser la disciplina que se pregunta acerca de la experiencia sensible porque ya el arte no tiene nada que ver con la sensibilidad. El valor de estas obras no tienen nada que ver con un criterio estético, es decir que no hay nada a nivel visual que haga que esa obra tenga valor. Son otros los factores que hacen que una obra de arte tenga valor. Yo creo que hay que descrifrar cómo es que adquieren ese valor.


¿Por qué valen tanta plata? Quizás es porque de esa manera sólo algunas personas las pueden tener y se convierte, de este modo, en un bien posicional. Pensandolo así el arte casi siempre fue a lo largo de la historia un bien posicional, el ejemplo más claro es el uso del rojo en los retratos de los mecenas del renacimiento, el rojo era el pigmento más caro. Un bien posicional es un bien que uno consume no para satisfacer una necesidad (ese es el supuesto de la economía capitalista, que uno consume para satisfacer necesidades) sino más bien para dar cuenta de su status. La cosa sería que consumimos bienes para satisfacer necesidades, es cierto, pero después consumimos un montón de otros bienes que solo dan cuenta de que tenemos plata para poder consumirlos, se llaman bienes ostensibles y le debemos a Veblen esta maravillosa idea. El arte es un bien posicional, un bien ostensible. El gusto estético es un privilegio de clase, los que pueden apreciar el lenguaje visual de las 'bellas artes', así mismo como el lenguaje musical de la música clásica, son personas que pueden dedicarse a actividades no productivas y eso es lo que Veblen llamaba la clase ociosa.


Llevo la vida de una adulta, alquilo una casa, pago las cuentas. No pago impuestos porque trabajo en negro, en algún momento de mi vida me va a molestar mucho el cuerpo y entonces voy a querer un médico que me atienda rápido en una clínica limpia y eficiente, voy a querer estar dentro del sistema. Pero ahora no, ahora vivo sin documento. Me robaron el año pasado la billetera y nunca lo hice. Pensé en su momento "¿a ver qué pasa si ando sin documento?". No pasa nada. No tengo documento, no tengo obra social. También me robaron el celular, dos veces el año pasado, el primer año que gobernó Macri ¿será que somatizo lo que pasa a mi alrededor? Me robaron las llaves de mi casa y las de mi taller. Me robaron la bicicleta. También se me rompió la computadora que me había comprado y que no había terminado de pagar: welcome to the real world, Paula, it sucks. Pensé después de haber pasado por todo eso durante el mismo año en que ya no podían robarme nada, en que sólo quedaba mi cuerpo y que, hasta ese momento, nadie me lo había robado. Me sentí contenta entonces de tener tanta suerte.





Esto es como estar escribiendo un libro que tarda mil años en aparecer. ¿Qué sentido tiene nombrar las cosas si cuando no son es cuando más divertido es todo?
No sos una x, no sos una variable. Sos una costante de individuo, tenés un nombre.
Me dedico a escribir frases amorosas en el lenguaje de la lógica, mi tiempo es desperdiciado de la manera más tonta del mundo.




Cuando hace unos años empecé la carrera de Artes Plásticas me encontré con el problema acerca del valor de las obras de arte y del arte en general. En una facultad donde se estima la producción de arte conceptual, mis dibujos eran devaluados. Entonces empecé a preguntarme con qué criterio una producción es valuada o valorada, a qué se le llama “obra” y por qué me ofendía que lo que yo hacía no satifasciese esos requisitos. Empecé a estudiar entonces a qué se le llama arte conceptual y entendí que es ese tipo de arte que necesita de un texto curatorial para ser legitimado. El arte conceptual nació en occidente después de la segunda guerra mundial, nació en Estados Unidos, que pretendía fundar en Nueva York un nuevo centro artístico y, de ese modo, quitarle fuerzas a París. El texto curatorial, este texto que acompaña necesariamente a las obras de arte conceptual, en general está impreso y pegado al lado de la obra, como por ejemplo One and Three Chairs de 1965 de Joseph Kosuth. Pero a veces lo pueden ver en los catálogos
de las muestras o los imprimen bien grande y los plotean en la pared. El texto curatorial tiene como 
antecedente a los manifiestos de las vanguardias históricas, donde los artistas pretendían expresar qué 
entendían ellos como arte. 
Las artes visuales han estado generalmente vinculadas a textos, las imagenes han ilustrado textos a lo 
largo de la historia, pero nunca han necesitado de un texto que explique qué quiere decir como sucede 
ahora en el mundo del arte conceptual. El concepto de la obra es más importante que sus propiedades 
formales y yo, que recién ingresaba a la facultad, sólo quería dibujar. No quería explicar qué era lo 
que había dibujado.
Digo que me ofendía porque realmente así era, yo sentía que no eran mis dibujos los devaluados sino mi propia persona. Identificaba lo que yo hacía con lo que yo era, me reconocía en mis dibujos y defendía con uñas y dientes lo que producía porque constituía mi identidad, mi pequeña parcela de tierra segura. Me parece importante destacar el papel fundamental que tiene la producción artística en la conformación de un individuo, en su autoreconocimiento, siguiendo la idea de Marx cuando define el trabajo alienado. Esto es: uno se reconoce en el trabajo, es decir que el trabajo, la producción o materialización de algo nos permite reconocernos como sujetos. Sin embargo es importante saber que para producir imágenes, y sobre todo imágenes que la gente considera atractivas, ante todo hace falta tiempo y no necesariamente ingenio (el ingenio siempre ayuda pero no alcanza). 
Es fundamental el tiempo para aprender una disciplina artística como el dibujo. El arte es, entonces, un privilegio de clase, en este caso de la clase ociosa, de la clase que se puede dar el lujo de dedicarse a actividades que no producen utilidades. No existe tal jerarquía entre aquellos que producen objetos artísticos, los artistas que poseen un don, y aquellos que no. Todos somos capaces de expresarnos por medio de nuestros sentidos, la diferencia entre unos y otros es, por un lado, el acceso a la educación artística, y por el otro el tiempo y, en algunos casos, el coraje que tienen algunos de animarse a hacerlo y mostrarlo.
Cuando le pregunto a la gente si les gusta dibujar la respuesta más común que recibo es que dibujaban de pequeños y que en algún momento dejaron de hacerlo. ¿Por qué sucede esto? Una respuesta posible es que en el proceso de sociabilización que atravezamos de niños, donde incorporamos pautas y valores de la sociedad en la que vivimos, se internaliza el criterio mimético para valorar las imágenes. Esto es: un dibujo, una pintura, un garabato, está bien hecho en tanto y en cuanto se parezca a algo, represente algo. Las vanguardias históricas, particularmente el movimiento impresionista, el cubismo y el abstraccionismo, junto al desarrollo de la fotografía, desligaron a la imagen pictórica del paradigma mimético. A partir de esta ruptura, en el siglo XX, el arte visual no necesariamente tiene que figurar, representar o imitar algo, sino que está libre para poder expresarse. Empezaron a aparecer entonces producciones donde se destacaba el aspecto expresivo de las producciones; por ejemplo el expresionismo, o el aspecto formal de las mismas, por ejemplo el abstraccionismo, que buscaba expresarse por medio de los elementos puros del lenguaje visual.

Una de las consecuencias de este cambio de paradigma en las artes visuales es que si la imagen ya no tiene la necesidad de representar nada, entonces puede dejar lugar a que se exprese el sujeto que la materializa. ¿Qué sujeto? ¿Un artista genio creador? Bueno, no necesariamente. No es preciso ser un genio creador para derramar pintura y hacer una obra de action-painting. Aun así, la imagen que resulta de esta expresión no tiene continuidad en el circuito de circulación visual, pero sí lo tiene en el circuito del mercado del arte.
¿Qué quiero decir con que las imágenes no tienen continuidad en el circuito de circulación visual?

Pues bien, en primer lugar creo que las imagenes están hechas para ser vistas. Si una imagen sólo existe en función de ser un medio de expresión de un sujeto su circulación se reduce. ¿Quién pasa horas mirando una imagen abstracta, una obra que consiste en pintura derramada, por ejemplo? Aquel que pueda interpretar en ella cuantas cosas quiera, puesto que la imagen por sí misma no representa nada en particular.
Las imágenes no representativas suelen introducirse con facilidad en el mercado del arte porque en este circuito no se rige por un criterio estético, es decir perceptivo, para valuar las imágenes, para tazar las obras. Se les da valores artificiales a las imágenes u objetos, haciendo que los espectadores supongan que su valor económico tiene alguna relación con su valor estético. El criterio que utiliza el mercado no tiene que ver con la apreciación visual de una imagen. En algunos casos, como el premio Petrobras de la feria Arteba, lo que se valora es el nivel de controversia. Las obras de arte figurativas que se introducen dentro del mercado son valoradas por un criterio de apelación a la autoridad, es decir que un galerista tiene la autoridad suficiente para decidir sobre el valor de las obras. Por último, en el caso de obras figurativas de artistas famosos, su valor, una vez más no recide en su composición sino en quién es el autor, contribuyendo de esta manera al culto a la personalidad vigente en la cultura occidental. El arte, en estos casos, funciona como un bien posicional. Se valora una imagen o un objeto en tanto que no pueda ser poseído por todos, sino por cierta elite económica. 






A veces odio las cosas que escribo. A veces creo que de escribir más podría decir con mejor exactitud, o mayor precisión, lo que necesito decir. Suelo decir “el punto es esto o aquello”. Suelo dar cátedra sobre la angustia pedorra y fingida que pocas veces he sentido. He sentido muchas más veces temor a la angustia, que tristeza en sí.
Solía despertarme triste y andar enteramente en la búsqueda de si tengo que inventarme por completo o debo aceptar que soy fingida y dejarme llevar. No he resuelto el asunto.  

Avispémosnos. Si hay un Encuentro Nacional de Mujeres, si las mujeres argentinas y de otros países de latinoamérica se reunen hace 31 años para discutir y debatir acerca de un montón de temas desde la perspectiva de género, es porque hemos sufrido años de invisibilización. Solo hace falta estudiar un poco de historia. Este año se propusieron al menos sesenta talleres diferentes, la mayoría se desdoblaron en por lo menos cinco comisiones. Mujeres y política, Mujeres y religión, Mujeres y trata de personas, etc. 
Pero ¿qué se conoció del Encuentro? Sólo se habló de que hubo represión en la marcha cuando pasamos por la Iglesia. Todo porque las que llamamos 'anarquistas', que sinceramente no sé si son anarquistas, fueron a bardear a unos que estaban rezando. Eran unos, eran hombres, era una pura provocación. Ellos estaban rezando por nosotras, atrás suyo estaban las vallas y atrás de las vallas los policias, que nos esperaban ansiosos. La Iglesia es la primera en reproducir el patriarcado; la mujer es casta o es madre. La Iglesia, que fue protegida por la policia de nosotras, de las violentas anarquistas y demases feministas, o 'feminazis' como les gusta decir, es una de las principales instituciones que reproduce los valores patriarcales. Dios es garantía de las políticas represivas del Estado, del control sobre el cuerpo femenino, desde cómo nos tenemos que ver hasta el control de natalidad y eso se tiene que acabar. El patriarcado, este sistema de opresión hacia las mujeres, germen del sistema capitalista donde la relación de opresión es moneda corriente, se tiene que acabar.

Antes de llegar a la Iglesia pasamos marchando y cantando por algunas dependencias estatales pero en ninguna había policias con escudo, balas de goma y gas lacrimógeno. A cada mujer que veíamos que no estaba marchando con nosotras y que nos miraba desde algún balcón o un vereda, le gritábamos: "mujer, escucha: ¡únete a la lucha!". Coqui ya me había contado que eso pasaba en la marcha del Encuentro de Mujeres, pero vivirlo es realmente emocionante.

Dijimos que las anarquistas fueron las que empezaron a bardear, esa es la explicación común pero no sé si es cierta. Creo que si hubiésemos llegado con la columna con la que marchábamos, nosotras los habríamos escupido también. ¿Qué tenían que hacer esos tipos ahí? Pero no llegamos, la marcha era de cuarenta cuadras de largo y nosotras, que íbamos a veces marchando y otras veces frenándonos para apreciar el fenómeno y tomar birra, estábamos constántemente metidas en columnas que intentaban llegar a la plaza pero que terminaban corriendo. Corrimos tres veces. La gente estaba asustada porque se escuchaban estruendos y había humo. Corrimos con miedo, la última vez fuimos dos cuadras Lucía y yo de la mano porque teníamos miedo de perdernos, encima Lucía iba con la guitarra a cuestas. Julieta perdió su saco en el impulso de salir corriendo. Eso fue en la primer corrida me parece, en la segunda se cayó y después nos sugirió que nos metamos en un café o que nos vayamos del lugar. No nos fuimos. Nos volvimos a acercar pero tuvimos que volver a correr, porque esta vez los gases avanzaban, o nosotras avanzábamos no sé, pero todo se volvió cada vez más peligroso y ya no volvimos a intentar llegar con alguna columna a la plaza que está en frente a la Iglesia y ver qué pasaba. Lara y yo queríamos ir a ver, más Lara que yo. Abril se había lastimado el ojo con el envase de la birra en una de las corridas. Después nos dijeron que hicimos todo lo que no teníamos que hacer en una marcha: tomar birra y meternos en cualquier lado. Pero nosotras estábamos de fiesta. Habían terminado los talleres, teníamos conclusiones hermosas por compartir, no podíamos más de emoción. Adiash, adiash emoción: volvimos a la vida real cuando pasamos por ese lugar.
Después de la marcha fuimos a la peña del Encuentro, pero no nos quedamos mucho tiempo, estábamos agotadas. Julieta y Abril agarraron la guitarra y se fueron en taxi a la escuela donde estábamos parando. Lara, Lucía y yo nos volvimos caminando, eran quince cuadras, no nos parecía demasiado. Pero era sábado a la noche, se sentía en el aire la tensión de una marcha con muchos incidentes y era obvio que esas tres chicas que caminaban por las calles de Rosario con pañuelos verdes venían del Encuentro de Mujeres. Cruzamos a tres tipos que nos miraron con caras raras, entre enojados y verdes. Los pasamos, nos miramos entre nosotras y comentamos la sensación de escozor que nos habían producido. Después pasamos por la puerta de un boliche, estaba lleno de gente. Cuando llegamos a la esquina pasó por al lado nuestro una camioneta doble cabina blanca, salieron por las ventanillas cuatro chicos, no sé si fueron más pero no creo que hayan sido menos, uno de ellos gritó:
"¡Hay que matarlas a todas!".




Ahora el lío es por un par de tetitas que querían tomar sol. Entonces algunas mentes retrógradas, rígidamente educadas en las normas patriarcales, llaman a la policia, que está bien ocupada se ve, para que le diga a unas chicas en una playa en Necochea, que las tetitas no se muestran, que las tetitas se esconden, que eso hace mal a la vista de los niños y ancianos. Gente en la playa, al pedo como bolsillo de manco, que se ocupa en decirle a los demás cómo corno tiene que vivir, pero que encima no ha indagado ni un poco de dónde salieron las normas que tan fielmente pretenden acatar.
El movimiento feminista tiene al menos trescientos años. Trescientos, en dos mil años y pico que contamos los occidentales con el calendario gregoriano. Hace trescientos años que las mujeres comenzamos a tener acceso a la educación, no es poca cosa y me parece que es por eso que algo empezó a cambiar. En trescientos años se logró que se discuta sobre la mujer como sujeto, como sujeto de derecho, sobre la mujer y el trabajo, sobre el trabajo doméstico y el cuidado de los dependientes (ancianos, niños y enfermos que caen sobre el cuidado de las mujeres sin chistar -fijensé sino las propagandas repulsivas de jarabes para la tos-), sobre la mujer, su cuerpo y su sexualidad, sobre el control de natalidad y el aborto.El movimiento de las mujeres avanza y este verano sucedieron dos cosas fenomenales que dan cuenta de ese movimiento: primero suspendieron el concurso 'cola reef', una buena noticia para la lucha en contra de la cosificación. Reducir a una persona a un aspecto mínimo de toda su compleja personalidad como si fuera una cosa, un objeto, un trofeo, no es algo que sufren las mujeres nada más; pero a las mujeres nos enseñan desde bien pequeñas que una tiene que ser casi una cosa inerte, que tiene que mostrar poco, porque sino es de trola, incluso si te estás cagando del calor. Nos enseñan cosas obsoletas, por ejemplo que un buen culo es importante, pero sólo en los concursos de belleza donde te exhiben como trofeo, que si andás en la calle sola tenés que tener miedo y más si tenés pollera, no sea cosa que venga un degenerado y te meta la mano, como decía mi abuela. Este es el segundo fenómeno genial que da cuenta del movimiento feminista: se armó un alto debate en la playa. La gente se queda discutiendo y diciendo '¿si no son tetitas con silicona no pueden ser mostradas?'. Trescientos años de feminismo tienen su peso y eso me da un poco de esperanza; pareciera que es cierto que finalmente se va a acabar el machismo patriarcal.


La semana que viene cumplo veintiocho años. Es inevitable que intente mirar hacia atrás y ver qué he hecho, qué tengo hasta ahora -como si de tener se tratase la cosa-. Tengo veintiocho años y no tengo un título universitario. Tengo, en cambio, cuatro cajas con dibujos que mi gata insiste en aplastar y usar como nido.
Soy mujer y eso me ha costado, iba a escribir 'demasiado' pero no es cierto. Sí es cierto que me ha costado. Pude, de alguna manera, repensar los acontecimientos que forman mi historia personal que tienen una íntima relación con el machismo y el patriarcado, de modo que no quede más que transformar lo dado. Tengo suerte de poder pensarlo. Las cosas que yo viví, me doy cuenta, son una representación más, una materialización más de los valores de la cultura en la que me crié. Cultura que, creo yo, está cambiando, hay que cambiar.
Pienso, tengo veintiocho años y sé que, al menos, he amado. No se puede decir que mucho ni muy profundamente, pero algo es algo.
Tengo veintiocho años y dibujo.
Pero siento que me dediqué al dibujo porque era más fácil de esta manera. Había aprendido a dibujar mirando los dibujos de mi papá en su cuarderno de primaria. Mi hermana, mi hermano y mi prima dibujaban. Incluso hay un cuadro pintado sobre un bastidor por mi primo cuando tenía diez o doce años, que mi mamá guarda en algún lugar de la pieza de mi hermano. La diferencia es que me yo me comí el fla', como dice la gente. La diferencia es que cuando tenía doce años decidí que iba a ser una artissssta e iba a dibujar super bien, que iba a aprender. Yo sé que era cuando tenía doce años porque estábamos en el salón del medio, donde cursamos tercer y séptimo grado, y yo estaba sentada en mi banco con el jumper gris y el pulover azul, en el del medio, en la fila que estaba contra la pared. Yo estaba sentada en el banco cuando decidí eso. Miraba un dibujo de no sé quién, ¿de Berni? Quizás. Lo miraba y pensaba -yo nunca voy a dibujar así- pero en mi fuero interno lo deseaba y acá estoy. Tengo veintiocho años y mi manija ha hecho que aprenda todo lo que pueda procesar mi cerebro sobre el dibujo y algo sobre el lenguaje visual.
Pero me aburre. Cuando escarbo más adentro de mis recuerdos sé que en cuarto grado, cuando tenía diez años, o nueve, pedía un piano, quería tocar el piano, me imaginaba horas tocando el piano. No estoy segura de haberle dicho a mis papás que quería un piano, quizás lo hice sólo una vez. Pero mi cuentito personal dice que a mi no me compraron un piano, que en vez de eso me mandaron a clases de dibujo, de plástica, de pintura. Odiaba plástica en la escuela y salvo el taller de Silvio, donde él me enseñaba proporción cuando tenía doce años, odiaba tener que pintar o cosas así. Aún hoy no estoy segura si lo disfruto. Sin embargo dibujo. Porque es más fácil.
La cosa es que ya pasó todo eso, ya no dependo de mis viejos, no puedo llorar ahora y decirles -mamá, papá, ¡quiero un piano!-. No va a pasar. Por el contrario tengo todo para ponerme a tocar; me mudé a una casa extraordinaria con una amiga que tiene un piano eléctrico. Se acabaron las excusas.
Sin embargo hay cosas que me gustan del dibujo; me gusta hacer retratos porque, no sé si se han dado cuenta pero, hacer un retrato es mantener viva a una persona. En el Museo Nacional de Buenos Aires hay una pintura de Rembrandt, un retrato de su hermana. La hermana es una gordita rechonchona, no es agraciada, pero tiene algo en los ojos y esa pintura sabe mantenerla viva. Mantiene viva la mirada. Eso es algo lindo del dibujo, de la pintura, es difícil conseguirlo pero es una alegría viva cuando se logra hacerlo.
Tengo veintiocho años y adoro la historia del arte, la historia de las imágenes. Cómo las diferentes civilizaciones materializaron sus valores, sus creencias, sus modos de entender el mundo, de recortarlo. Creo que eso es el arte y tengo suerte de aprender y de estudiar el lenguaje visual de esa manera. Pero dedicarme a sólo una cosa, solamente dibujar y comerme el flash del artista me parece que sería traicionarme, porque no soy eso. Siento con mucha fuerza últimamente que si tuve y tengo el privilegio de dedicarme a una actividad tan ociosa como el dibujo y, de a ratos, la filosofía; no puedo más que compartir ¿devolver? todo lo que tengo.
El fla' que se acabó es el del artista, no el de la actividad. Todas las cosas que yo creía que implicaban el concepto de artista me parecen hoy día una reverenda porquería. Nadie aprende solo, nadie tiene un don, hay gente que le dedica más tiempo que otra, hay gente que tiene acceso a la educación artística.
La pregunta es ¿por qué hay gente que puede dedicarse a cultivar sus sensibilidades?
¿Qué clase de poder es ese?
Los bienes culturales, diría un sociólogo.
That's it.
Hace tiempo que no escribo lo que verdaderamente quiero decir porque entendí que eso no existía, pero qué me importa.
He notado que durante toda mi vida tuve la tendencia autobiográfica esta. Me culpé por ególatra y dejé de escribir por ese motivo, mi egolatría canalizó por otros lados entonces.
Not.
Después de la filosofía y la muerte de los grandes relatos, del Dios de mi madre y de cualquier convención, incluso el amor; no hay ninguna historia to tell. Nada que decir.
He temido al sexo y a la racionalidad. Temo todo el tiempo a todo. No tanto, no al tiempo.
Del amor y de mis poderes sobrenaturales. Vi un chico e intenté seducirlo, mi madre no tiene razón; sí le puedo gustar a los chicos.
Quisiera deshacerme de todo esto. Por eso voy a borrarlo ahora mismo.
¿Qué hay detrás de todo esto? Behind the trees, the soul.
Hay intensiones por detrás de todo. Quisiera saber cuáles son las tuyas y si sabés que existen. No hay otro amor que el que se construye, no hay otro amor que el que yo imagino y te fuerzo a inventar. ¿Pero si de repente...? De repende nada, porque no existe. You choose, you chose.

Espera que la descubran
Llora si no la aman
Se desangra si la desnudan




Mi gato se da cuenta de mi tristeza. Se pone cerca mío e intenta moderme, pero instantáneamente se da cuenta de que me entrego al pequeño dolor que me ofrece y deja de intentarlo.  
Todo pasa y todo queda. De esto haré mil dibujos superándome y escribiré algún que otro poema alusivo y vendrá otra x, otra variable en mi vida, y seguiré buscando y mirando. Así parece ser la vida.



Ya no hay en mí el mínimo de esperanza, se agotó la espera. Temo y me angustio. Sé que no voy a volver a enamorarme. Entonces temo y me angustio. Voy a seguir besando cuerpos que a los meses van a ir cambiando. Voy a seguir dándole amor a completos extraños. Anoche me acosté triste sabiendo su respuesta: “El amor no existe, Paula, nos lo hemos inventado. El amor está sobrevalorado”. Y sin embargo la gente se enamora. Ama desesperadamente. Cree.
Yo los envidio. En mí no hay más que silencio, no hay más que vacío. Ya no queda nada en mí.
Podría preguntarte pero vas a ignorarme, vas a decirme que no hay tal cosa, que lo que hay son relaciones con un mote, que a vos los motes no te gustan y por eso más vale no nombrarnos, por eso más vale no decirnos. Quisiera transformarme en tu deseo. Una parte de mi sabe que eso no va a pasar. Sos así, no hablás más de lo necesario, no te arriesgás por cosas en vano, mi amor todavía no merece tu riesgo, tu movimiento.


Tiendo a hacer inferencias. Paso de lo particular a lo general. Cuando arribo a alguna conclusión, me veo tentada a universalizarla. Al universalizar mis conclusiones las estanco, poniéndoles el mote de eternidad. Entonces me cosifico, digo que soy esto o lo otro, me defino.
Al definirme saco una parte de mi, que estaba inmersa en una masa móvil para ponerla en un pedestal, abstraerla y adorarla.

Todo es aprendizaje. No hay nada en la vida más que el aprendizaje.


¿Por qué escribo todo esto? ¿Qué clase de historia me estoy contando? Porque si fuera otra persona la que me dice “che, me siento mal” no haría ningún escándalo mental. Y ahora lo estoy haciendo. Me estoy dejando morir una vez más porque x no existe e insiste en no existir para mi.


No hay nada que recordar.
Sólo su mano en mi costilla,
sólo su beso de despedida.

Donde tengo una mínima esperanza en un otro ése desaparece delante de mis ojos.
Entonces me esperan años hasta que aprenda a dominar mi deseo, hasta que aprenda a perder las esperanzas, hasta que me olvide de lo que son los besos. ¿Para qué los quiero si no duran más que una semana?
A veces creo que querer a alguien es pasarle el parte de lo que hice, de lo que pienso, pero rendir cuentas no es amar. Entonces me autovigilanteo y cuando me pasan cosas buenas pienso en contárselas a x. But there is nobody out there.
En realidad x era la chispa de esperanza que sostenía en la mano cerrada tipo buñuelo. Pero las chispas no duran mucho tiempo y ésta, como las demás, terminó por desvanecerse. Ahora ya no hay motivos para inventar una chispa nueva, para prender el fósforo. Para x fui pura contingencia, lo mismo que para y.
Se terminó la era de x, no sé de quién será la era ahora, pero no es más suyo el tiempo. Me cansé de su silencio de ultratumba.
La condena es para siempre y en verdad yo no sé qué es lo que va a pasar, no sé cuál es mi eternidad. No estoy condenada a amar sombras o variables, estoy condenada, y no eternamente, a vivir y tener experiencias. No siempre voy a amar a una idea, quizás algún día ame a una persona, con todos sus aciertos y falencias.



Amor me ha sacudido el alma,
 como el viento desde el monte
embiste a las encinas.
Safo