Te vi tres veces ya desde que volvi a la plata. La primera fue en ciudad de gatos, yo habia ido con Juanelo, un amigo que no veía hace 6 años, y vos estabas con andá a saber quién dando vueltas por ahí en busca de alguna birra. Te vi, me latió fuerte el corazón y me dije "Tanto alborto por este pibe que sólo viste una vez?". Me fui con mis amigues a bailar del otro lado del pogo, donde no había nadie, éramos sólo nosotros remil drogados bailando como locos, un poco me quería esconder, me daba miedo verte. "Miedo?" dirás vos, sí miedo. Miedo porque manejé todo como el orto, porque mi ansiedad o mi ego o las dos cosas juntas hicieron un complot en mi contra, en contra de mi deseo. Te eché fly demasiado rápido por miedo a que vos me eches fly primero, porque no estoy preparada para el rechazo, pero sobre todas las cosas porque no estoy preparada para el rechazo de alguien que me gusta y vos, aunque te haya visto sólo una vez, me habías gustado. Entonces como te decía estábamos ahi en ciudad de gatos, bailando, en una. Fui a dar una vuelta a buscar a no sé quien y te volví a ver. Esta vez creo que vos me viste, o eso me pareció. Me tropecé con una lata tirada en el piso, no caí de puro de pedo pero salí caminando ligerito porque sabía que la secuencia de caerme cerca tuyo iba a ser una escena tonta donde el reencuentro surge de la torpeza, del bochorno. Pero aparentemente no me viste así que seguí caminando ligerito.
La segunda vez que te vi fue cuando terminó el partido de octavos de final, había visto el partido con mi hermano, lloramos, fumamos y nos fuimos a tomar una birra a un barsucho que quedaba cerca. Esta vez te vi medio desde lejos cuando llegamos y de nuevo lo mismo, una sensacion de nervios y manija todo al mismo tiempo. Ganas de ir a saludarte pero qué te iba a decir, ni que fueses un amigo de toda la vida, te vi sólo una vez en mi vida y aunque en mi imaginario esa vez fue divertida, fue sólo eso. Le conté a mi hermano la secuencia porque me vio la cara de nerviosa, me dijo que te hable, que no sea tan boba, tan cagona. Nada. Ninguna bala entró. No te hablé y me terminé emborrachando y olvidando de que estabas cerca. Esa noche me olvidé que creía que me gustabas y que quizás deberia arriesgarme total qué le hace una mancha más al tigre, un rechazo más un rechazo menos no cambian mucho las cosas.
La tercera fue ayer y definitivamente lo manejé como el orto. Te había invitado a tomar algo unos días antes, convencida por mi hermano de que me tome cartas en el asunto y que te diga algo, algo aunque sea tímido y aunque sea tonto, algo tenia que decir. Pero la respuesta fue ambigua y fue un silencio, sentí tu rechazo explotar en mi cara una vez más como una bombucha con sal, dolorosa y espontánea, no estaba preparada. Así que te imaginarás que la tercera vez que te vi ya mi cuerpo no entendía nada. Por un lado pensé en que me iba a tener que acostumbrar a cruzarte, porque evidentemente estabas en todos lados, por el otro me parecía tan tonto negarle el saludo a alguien, sólo porque no quiso una birra, una charla, me parecía tan infantil no decir "hey, como va?" si es tan fácil decir ''hey, como va?". Pero no es fácil en la vida real, y menos lo es si los nervios de uno le juegan una mala pasada y así de forros son los míos. Mis nervios me boicotean cuando más necesito estabilidad, me delatan cuando más necesito entereza.
No puedo llegar a ninguna conclusión porque siento que te voy a seguir cruzando y que cada encuentro va a ser más patético que el anterior, que cada vez que te vea me voy a quedar helada de nuevo, rumiando qué me pasa, para después sentarme frente a la compu a escribir alguna ficción tonta a partir de esto, como ahora. Porque al final lo único que queda de todas las experiencias de la vida es la literatura, sólo me queda la ficción para mentirme un poco y reirme también de lo patética que puedo llegar a ser.
















.jpg)


